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jueves, 31 de marzo de 2016

Reseña:


ADICTOS A LAS SOMBRAS

Conversaciones con adictos al sexo 

de José Manuel de la Torre


Adictos al sexo: la angustia de quien no puede quitárselo de la cabeza

La sexualidad como obsesión es un trastorno nada mediático. Algo que a los propios adictos les cuesta admitir por el estigma social que conlleva, en un mundo, paradójicamente, hipersexualizado.


Adictos al sexo: la angustia de quien no puede quitárselo de la cabeza
Fotograma de 'Shame', donde Michael Fassbender interpreta a un adicto al sexo.
Foto: Cordon Press
    Una de las cosas que más le sorprendió descubrir a Lars von Trier cuando rodaba su peculiar visión de la dependencia de los placeres carnales, Nymphomaniac (2013), fue el enorme sufrimiento que conlleva este tipo de adicción a los que la padecen. Steve McQueen, director de Shame (2011), esa triste cinta que narra el viacrucis de un adicto al sexo en la ciudad que nunca duerme, declaraba a la revista Salon en una entrevista, “Brando –el protagonista- vive en Manhattan, en esa metrópolis de excesos y libertad. Tiene un buen trabajo, es atractivo, tiene dinero, pero con todas esas posibilidades crea una prisión a través de sus actividades entorno al sexo (…). La película no está exenta de una cierta denuncia porque es urgente, hay que hablar sobre la pornografía en Internet y cómo nos afecta, cómo navegamos en esa masa de contenido sexual”.







La historia del cine ha demostrado un tímido interés en esta tipología humana, personajes que ven como sus existencias se derrumban por lo que otros pagarían por tener en pequeñas dosis: deseo. Y eso que el argumento da para mucho, pero la lista de películas es escasa: Belle de Jour (1967), Entre las piernas (1999), Diario de una ninfómana (2008) oFilth (2013), son algunos de los intentos, por parte de la gran pantalla, de describir la poco mediatizada obsesión por el sexo. Adictos a las sombras es otra aproximación al problema, solo que esta vez es en forma de libro, firmado por José Manuel de la Torre y editado por Laertes (2015). Como se explica en la solapa de la obra, “cuando los expertos quieren conocer las cifras referentes a la adicción al sexo se encuentran con un problema. O no existen o son vagamente estimativas. Esta no es una adicción cualquiera, su incidencia no puede medirse en miligramos en sangre. Además, el número de individuos que reconocen su problema es mucho más reducido que en otras adicciones, y los que buscan ayuda para poder salir de él es un grupo todavía más pequeño”.
Entrevistar a siete adictos al sexo, todos hombres, y a la ex mujer de otro, no fue tarea fácil para José Manuel, en parte por el argumento, tan contundente, que uno de ellos da en el libro, “vivimos en una sociedad hipócrita. Me indigna que la enfermedad mental sea menos respetada y asumida que la física. Se tiene compasión por algunas enfermedades físicas, pero a un adicto al sexo se le considera un vicioso. Es un mundo hipócrita, que condena y potencia la adicción al mismo tiempo”.
Fotograma de ‘Nymphomaniac’. Foto: Cordon Press

De la Torre, además de dar voz a los que padecen este trastorno, pretende también, según sus propias palabras, “hacer un análisis sociológico del por qué sucede esto”. Una adicción alimentada por la sociedad y el capitalismo sexual, que nos presenta la sexo como un bien que hay que consumir, cuanto más mejor; e Internet, la alcahueta virtual, que proporciona contactos y vídeos para todos los gustos, sin importarle los límites morales o legales. De hecho, uno de los entrevistados que más conmovió al autor de este libro fue un adicto a la pornografía infantil. “Era un chaval muy joven, de 27 años, que no podía parar de descargarse vídeos, lo que le producía un gran sufrimiento y culpa. No era pederasta sino pedófilo, como la gran mayoría”, comenta de la Torre.
“La adicción al sexo es una de las más invasivas, más que las drogas o el alcohol, porque el que la padece está 24 horas pensando en ello”, apunta este autor, que decidió escribir su primer libro, tras ver la película Shame y porque un amigo suyo, guitarrista, padecía esta obsesión. “El drogadicto experimenta un alivio o momento de calma cuando se toma la dosis, pero el adicto al sexo no, su cabeza no puede parar de dar vueltas a lo mismo”.
Xavier Pujols es codirector del Institut de Sexología de Barcelona, además de psicólogo clínico y sexólogo con una gran experiencia a la hora de tratar pacientes con esta dependencia. Según él, la línea que separa a un entusiasta del sexo de otro que padece adicción es gruesa, visible y fácilmente identificable. “La gran diferencia está en que el adicto no llega a disfrutar del sexo, pierde ya la parte lúdica y hedonista. La sexualidad se ha convertido ya en un impulso que no pueden frenar y tras el sexo no se sienten reconfortados, sino que experimentan culpa y arrepentimiento. Generalmente, las consecuencias de esta obsesión llegan a afectar a la vida laboral y familiar de los que la padecen”.
Una adicción difícil de justificar
El hecho de exista una sustancia u objeto externo, como pueden ser las drogas, el alcohol o, incluso el juego, que atrape y propicie la adicción, es siempre un elemento redentor que, aunque incorrectamente, asume parte de la culpa en la bajada a los infiernos. Algo con lo que los adictos al sexo no cuentan, en su intento de buscar una cierta amnistía social, en un mundo hipócrita que guarda divertidos y elogiosos adjetivos para los seductores, pichas bravas, mujeriegos, galanes, conquistadores o castigadores, pero que trata de pervertidos a los que se pasan de la raya. Las mujeres no gozan, siquiera, de ese estado intermedio, ya que el calificativo de ninfómana se aplica con menos rigor y más alegría.
La ninfomanía era prima hermana de la enfermedad mental hasta no hace mucho en la historia de la humanidad, de ahí que sea tan difícil encontrar a una mujer que acepte su obsesión por el sexo. La no inclusión del testimonio de una adicta, en el libro de José Manuel de la Torre, no es casual y Pujols reconoce que nunca ha tratado a una mujer con este tipo de patología. “Hay dos factores que explican la poca presencia femenina en este grupo de pacientes”, explica este sexólogo y psicólogo, “primero, que la penalización social es más fuerte para la mujer, ya que todavía se sigue aceptando más la promiscuidad masculina, puesto que aún se cree que es el hombre el que debe conquistar y tomar un papel más activo en el sexo. La segunda razón es meramente química y biológica, el varón tiene más testosterona que la mujer, y esta hormona juega un importante papel y facilita, en parte, la adicción al sexo”.
La imagen de un adicto al sexo dista mucho de la que cualquiera ajeno a esta problemática pueda imaginarse. Personas con apretadas agendas, en las que hacer coincidir varios encuentros sexuales al día con diferentes personas. “Hacer esto posible es muy complicado”, reconoce Pujols. “Si tus relaciones sexuales implican a otra persona, no siempre es fácil tener muchas al día. Se puede recurrir a la prostitución, pero a la larga es muy costoso. Lo más común es que el individuo derive su adicción a la masturbación y a la pornografía. No se trata de cuántas veces al día puede llegar a hacerlo un adicto al sexo, sino de que su mente no puede pensar en otra cosa. La diferencia con otras adicciones es que ésta afecta a un área de la persona que es un derecho y que, además, es deseable, saludable y hace crecer al individuo, como es la sexualidad. Algo que la relaciona un poco con los trastornos alimentarios, anorexia y bulimia. Pero, de nuevo, ahí existe una sustancia exterior, la comida, que además no siempre es buena, ni sana, y que nos tienta constantemente”.
Fotograma de ‘Diario de una ninfómana’. Foto: Cordon Press
Pero si se rebusca y profundiza, en el fondo de toda adicción hay otros factores como una familia tóxica o ausente, como cuenta en el libro Santi, de 51 años. Su historia nace en un hogar sin afecto, brota con una homosexualidad rechazada por sus padres, crece con una adicción al amor y se hace fuerte con otra al sexo. A veces hay un pasado de malos tratos o acoso escolar, como le ocurre a Dani, 27 años, adicto a la pornografía infantil. Para un estudiante con una autoestima hecha pedazos es difícil acercarse a las chicas de su edad, pero ligar en Internet es mucho más fácil. “Mi sexualidad era cada vez mayor y los chats me daban una salida. Además, empecé a notar que para mí era más sencillo hablar con chicas más jóvenes. (…). Aunque en persona era muy vergonzoso, en el plano virtual era mucho más lanzado”, apunta Dani en Adictos a las sombras. Otras veces, el sexo compulsivo es la única forma que uno encuentra para eliminar el estrés y lo único que le hace poder soportar las reuniones y la presión del trabajo. Es el caso de otro de los testimonios del libro, Carlos, 38 años, ex político, cuya madre mantenía una relación de dependencia con el sexo y la comida, al mismo tiempo que acumulaba amantes con el beneplácito de su marido.
Según Xavier Pujols, “esta adicción es muy democrática y no hace distinciones de edad o clase social. Quizás lo único que se podría apuntar es que hay ciertas profesiones que tienen más riesgo, como comerciales, gente del mundo de la restauración, dueños de bares o transportistas, por el simple hecho de la disponibilidad horaria y porque su trabajo los lleva a relacionarse y conocer a muchas personas”.
El tratamiento de esta adicción, en palabras de Pujols, “es, básicamente, una terapia psicológica, aunque a veces pueden recetarse ansiolíticos, si se cree necesario. El método más conocido es el de los 12 pasos que imita al que se utiliza en alcohólicos anónimos: reconocer la adicción, buscar ayuda, intentar reparar el daño causado, apoyar a otros en la misma situación…”. Las asociaciones de adictos al sexo son muy numerosas en EEUU. “Allí exigen la abstinencia sexual durante el tratamiento, que puede durar alrededor de dos años. Yo permito el sexo a mis pacientes con la pareja o en solitario, si la masturbación no es parte de la patología”, matiza Pujols.
En España la SLAA, las siglas en inglés para Adictos al Sexo y al Amor Anónimos, ofrece la terapia de los doce pasos. La inclusión del término amor en su nombre no es banal. Muchos de los que caen en la obsesión carnal, sufren primero la necesidad urgente de ser queridos y, si el sexo es la moneda de cambio, hay que disponer de liquidez. Pero también existen clínicas para los casos en los que la dependencia sea tan grande que se necesite de la supervisión constante, es decir del internamiento. La clínica Capistrano, en Mallorca, solo apta para economías saneadas, es especialista en adicciones, también sexuales.

viernes, 20 de noviembre de 2015

Entrevista:

La Plata, Bs. As.

SEXO Y PAREJA

Adicción al sexo: una dura realidad difícil de superar

 | 02:13
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Adicción al sexo: una dura realidad difícil de superar
Adicción al sexo: una dura realidad difícil de superar
La película “Shame” (Steve Mcqueen, 2011) fue el punto de partida para que este historiador de arte comenzase a plantearse la idea de indagar sobre el proceso que experimenta un individuo para volverse adicto al sexo y cómo repercute en su vida.
Al filme siguió un reportaje en un diario de tirada nacional en el que el psicólogo clínico Xavier Pujols, colaborador después de su libro, trataba este tema. A partir de ahí, las piezas encajaron para que naciese “Adictos a las sombras”.

“Soy sincero, me metí en el proyecto sin saber muy bien cómo, pero tuve la intuición de que era un tema del que había que hablar, porque hasta hoy no se ha tratado, sigue siendo incómodo”, reconoce De la Torre.
Un componente adictivo
La crisis de la mediana edad, problemas en el trabajo, estrés o traumas infantiles, dolor o falta de autoestima son algunas de las situaciones que los protagonistas de estas historias describen como detonantes de su adicción al sexo. Como señala el autor del libro, “las causas son muy variadas y no siempre fáciles de rastrear”.
Aunque se superase la adicción, el sexo continuaría presente en la vida del individuo porque forma parte de su condición. “No podemos escapar de él, sea cual sea el tipo de sociedad en el que vivimos”, comenta De la Torre, a diferencia de alcohol o drogas, adicciones más cerradas en sí mismas.
Además, añade el autor, el sexo está cargado de simbolismo. “De lo que fue en un principio un mero instinto destinado a la procreación hemos creado algo de naturaleza diferente; lo hemos disfrazado creando un fetiche, un instrumento estético de seducción y de poder que nos obsesiona”.
Otro punto, muy presente en el libro, es Internet. De hecho, alguno de los entrevistados solo materializa su adicción en el consumo obsesivo de contenidos pornográficos de la red.
De la Torre tiene claro que el control de los contenidos online es muy difícil y que la libertad “prima siempre”, si bien pondría precauciones en el acceso de los menores.
Eso sí, hay algo que tiene muy claro: “Perseguiría implacablemente y con penas muy duras a los individuos que trafiquen con cualquier tipo de contenido en la red que suponga actividades criminales, como el abuso de menores o actividades sexuales no consentidas”.
El atractivo del libro “Adictos a las sombras” reside, sobre todo, en la primera mitad de la obra, escrita en formato pregunta-respuesta con las conversaciones reales entre el autor y los diferentes perfiles adictos.
ANGUSTIA Y ARREPENTIMIENTO
A través de las cien páginas de entrevistas se palpan la desesperación, la angustia e incluso el arrepentimiento de los entrevistados que se sientan con De la Torre a enfrentarse a una realidad difícil de asumir.
“Mi mente me tortura y me dice “¿cómo puedes estar tan tranquilo, haciendo vida normal, cuando has visto eso, desgraciado?”. Esta cita pertenece a uno de los momentos más duros que el lector puede experimentar y que el propio autor reconoce. Es el más joven, que consumía pornografía en la que se abusaba de menores.
“Por una parte te repele todo lo que significa esa forma de la adicción, básicamente porque, aunque él no cometiese el delito directamente, supone un abuso de menores. Por otra, eres testigo de la lucha interna que ese chico ha sufrido, de su desprecio hacia sí mismo, de sus ganas de acabar con todo aquello, y no puedes más que sentir compasión por él.”, explica el autor ante este hecho.
Preguntamos al autor si asumiría el reto de realizar entrevistas similares a mujeres, puesto que la única que hay en el libro era pareja de un adicto. Aunque considera que sería más difícil conseguir esos testimonios, le parece un reto interesante:
“Los problemas derivados de una sexualidad desorientada en la mujer son más intrincados, aunque pueden implicar un sufrimiento igual o incluso mayor que en hombres”, afirma.
De la Torre se muestra agradecido a esos hombres que, frente a él, describieron el pozo en el que se hallaron. “No escondían nada, no me hablaban a mí, se hablaban a ellos mismos. Lo hicieron para que gente que no conocerían nunca no pasaran por lo mismo que habían pasado -o estaban pasando- ellos”. Y a ellos también va dirigido este libro.

lunes, 26 de octubre de 2015

PRESENTACIÓN / PRESENTACIÓ

El viernes, 30 de octubre, a las 19 h presentamos ADICTOS A LAS SOMBRAS. CONVERSACIONES CON ADICTOS AL SEXO, de José Manuel de la Torre, en Espai Contrabandos (c./ de la Junta de Comerç, 20, Barcelona). Acompañará al autor Xavier Pujols, psicólogo clínico y sexólogo. ¡Les esperamos!
Divendres, 30 d'octubre, a les 19 h presentem ADICTOS A LAS SOMBRAS. CONVERSACIONES CON ADICTOS AL SEXO, de José Manuel de la Torre, al Espai Contrabandos (c./ de la Junta de Comerç, 20, Barcelona). Acompanyarà a l’autor Xavier Pujols, psicòleg clínic i sexòleg. Hi esteu tots convidats!

viernes, 2 de octubre de 2015

Reseña:

ALGO MÁS QUE UNAS CONVERSACIONES CON ADICTOS AL SEXO

Félix Población, en Diario del Aire


El libro de José Manuel de la Torre Adictos a las sombras (Laertes Ediciones), revisado por el psicólogo clínico Xavier Pujols, es algo más que unas conversaciones con adictos al sexo, tal como se subtitula. En realidad, esos diálogos no pasan de las cien primeras páginas y tienen como función mostrarnos una serie de particularidades personalizadas de quienes se han ofrecido para responder a una serie de cuestiones sobre su adicción. 

Una vez sabidos los caracteres que la identifican en las voces de quienes la han padecido, el autor indaga sobre el origen del problema y la personalidad adictiva en general. Las diferentes adicciones se pueden dividir en tres categorías básicas: las de la excitación (juego, drogas); la de la saciedad (alcoholismo, drogas depresoras), y las de la fantasía (drogas sintetizadas o de diseño, cannabis). La adicción sexual, por sus especiales características, puede ser la piedra de toque dentro del conjunto adictivo, al compartir rasgos de las tres categorías. 


En un intento por arrojar luz sobre el tema, investigadores de la Universidad de Cambridge, en Reino Unido, realizaron escáneres cerebrales a 19 hombres adultos mientras estos visualizaban imágenes pornográficas. El estudio mostró que se activaban los mismos centros de recompensa que los que se activan en el cerebro los de los adictos a las drogas cuando ven su sustancia predilecta.
 
Los especialistas aseguran que hoy en día es muy fácil volverse sexoadictos. La publicidad, los medios de comunicación, Internet y la ansiedad cotidiana son detonantes para generar dependencia al sexo, pues representa placer y genera una reducción importante de esa ansiedad, que a su vez puede ser reflejo de una educación sexual enfocada hacia lo negativo. “No hay una orientación sexual a la libertad, al placer, al disfrute, sino a evitar embarazos, a que es pecado, etcétera. Mucha gente crece con esa educación y cuando se inicia en el sexo, mezcla su ansiedad con el tabú”. 

Lo que hace que esa adicción sea muy difícil de superar, además, es que forma parte de una necesidad básica, pues se trata de un instinto como el comer. Resulta difícil determinar la prevalencia actual de la adicción al sexo. Se habla de un seis por ciento de la población, pero es una cifra difícil de comprobar. Según el doctor Rafael Maldonado, al que el autor también entrevista, hablar de un seis por ciento es minusvalorar la repercusión social de la enfermedad.

Un capítulo muy interesante es el que Torre dedica a la omnipresencia del sexo y a la trampa que en este sentido constituye la sociedad de consumo. Los estímulos sexuales subliminales descontrolados de la publicidad dan lugar a conflictos psíquicos abiertos en individuos inestables o con una moralidad y educación represivas que podrían ser un catalizador para la adicción sexual.  Esa influencia del sexo subliminal en el desarrollo de ese tipo de adicción podría ser turbadora, a juzgar por lo escuchado en las charlas mantenidas por el autor.

Al universo pornográfico dedica José Manuel de la Torre  un apartado más de su libro, pues desde la llegada de Internet la conciencia colectiva de nuestras sociedades de ocio  se ha visto permeabilizada por la pornografía como por ningún otro sistema de representación. El universo pornográfico es un paraíso artificial paralelo creado por la sociedad de la superpoblación y el aislamiento urbano que lo produce, nutre y mantiene. Hace unos años, el psicólogo clínico Eduardo Cabrera habló de la predominancia de la adicción sexual en un contexto vital cada vez más extendido y como una de las manifestaciones más comunes de la ansiedad. La excesiva importancia que concedemos a nuestra imagen en los demás y la soledad eran, según su teoría, los motivos principales. Es de subrayar que los casos de adicción sexual son mayoritariamente masculinos.

No podían faltar en el libro esas frases escritas por Oscar Wilde en las que dice que en el mundo todo tiene que ver con el sexo salvo el sexo. El sexo tiene que ver con el poder. Ese poder se ha comercializado, optimizando sus recursos para sacarle el máximo provecho comercial como producto de liberación y autoafirmación. Sin embargo, tal como José Manuel de la Torre analiza en su libro, hay personas que lo convierten en su cárcel. Lo confiesan entre otros, en Adictos a las sombras, un político, un empresario y un estudiante con tendencias pedófilas. Debería preocuparnos, mucho más de lo poco que hasta ahora parece, esta adicción.

viernes, 10 de julio de 2015

NOVEDAD:

Adictos a las sombras 
Conversaciones con adictos al sexo
de José Manuel de la Torre 
Con la colaboración del psicólogo clínico Xavier Pujols

Cuando los expertos quieren conocer las cifras referentes a la adicción al sexo se encuentran con un problema. O no existen o son vagamente estimativas. No es una adicción cualquiera, su incidencia no puede medirse en miligramos en sangre. Además, el número de individuos que reconocen su problema es mucho más reducido que en otras adicciones, y el número de los que buscan ayuda para poder salir de él es aún más reducido. Sin embargo, la adicción existe, y poco a poco nuestra sociedad toma conciencia de ella.
El sexo es poderoso. Una necesidad suponiendo que queramos prosperar como especie, y así ha sido desde hace miles de años. Pero, como cualquier otro aspecto de nuestra vida, está teñido del color de los tiempos, y los tiempos actuales lo han convertido en un producto de consumo. Se ha comercializado y se optimizan sus recursos para sacarle el máximo provecho comercial. Y la sociedad de consumo lo utiliza como producto de liberación y de autoafirmación personal, como paradigma de la libertad individual y el culto a la autoimagen. Pero hay individuos que lo convierten en su cárcel. Entrevistamos a un político, a un empresario, a un estudiante con tendencias pedófilas... La adicción no entiende de clases sociales. Este libro surgió gracias a que ellos quisieron hablarnos.

Jose Manuel de la Torre estudió Historia del Arte en la Universidad de Barcelona y un Máster en Edición en la Universidad Pompeu Fabra. Ha vivido y trabajado en España y Alemania. Adictos a las sombras es su primer libro.






Índice
Introducción 11
Entrevistas 21
En el origen de la adicción. La personalidad adictiva 115
El sexo ¿una adicción más? 131
Una cultura adictiva 159
El sexo omnipresente. La trampa de la sociedad de consumo 179
El universo pornográfico 205
La familia es lo primero 233
¿Ninfomanía o adicción? La hipersexualidad en la mujer 249
Epílogo 265
Agradecimientos 269
Bibliografía 271