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martes, 17 de mayo de 2016

Reseña en PUNT AVUI

CULTURA

PASSEJADES / VIATGES

 

MARTA MONEDERO

Petits retalls de realitats



    Dos llibres de llocs, segurament més que de viatges. Dos llibres lleugers, descriptius, divertits i originals, signats per dues autores que afinen força quan expliquen la realitat que les envolta. Tant Caminar Barcelona, de Patrícia Gabancho, com Geografías íntimas, d'Ana Briongos, són fruit de la curiositat de dues autores de llarga trajectòria amb una mirada pròpia sobre els detalls. Dues autores que enquadren i retallen el món des d'una òptica generosa, allunyada dels prejudicis. Dues autores que no acostumen a anar pels camins marcats perquè entenen que observar amb atenció i conèixer noves rutes és una de les millors activitats a les quals dedicar-hi temps. Tant li fa si són passejades per la ciutat on vivim, com les que fa Gabancho, o una selecció de textos recollits en els 47 anys com a viatgera en el cas de Briongos. L'esperit i l'interès coincideixen. Ambdues conviden a trepitjar llocs en dos llibres de redescobriments que fan de bon llegir.
Caminar Barcelona gira entorn de l'ofici de Gabancho per tornar a l'essència d'un fet tant bàsic com fer 21 passejades per Barcelona i mirar-les de forma diferent. Amb habilitat, ens revela detalls i històries sobre una de les ciutats de quès'han escrit més guies al món. Barcelona està de moda. Potser massa i tot. Però quan sembla que no podem treure-li més suc, arriba Gabancho i ens n'ensenya un angle renovat, ens en descobreix nous racons i se'ns ofereix d'acompanyant. L'escriptora convida a agafar el seu llibre per passejar de forma assequible, les rutes van d'una parada de metro a una altra, sense treure el fetge per la boca i sense quedar-se en el centre conegut.
Caminar Barcelona és, doncs, un llibre de referència que ens ajuda a entendre com s'ha construït i com batega la ciutat: l'urbanisme, la vegetació, l'arquitectura, la memòria i la història. No busca els monuments més coneguts sinó que cerca l'insòlit en una guia fidel al recorregut, que també aporta mapes útils i entenedors, i recomanacions per no morir en l'intent d'arribar al final de cada passejada. Runners de la ciutat, ja podeu canviar d'esport i desempallegar-vos de la roba llampant!
Si Gabancho traça pinzellades pròpies sobre Barcelona, Briongos dibuixa un personal mapamundi a Geografías íntimas, un divertiment de maduresa, amb un format que recorda Contact, de la gal·lesa Jan Morris, i que consta de trenta-cinc relats curts sobre espais tan distants com Calcuta, Isfahan, Casablanca, Venècia, Santa Fe o la Vila Olímpica, on viu. Aquests retalls de viatges que componen les geografies privades de Briongos conserven el to humà, càlid, lluminós i gairebé domèstic que sovint amara la seva bibliografia (Un invierno en Kandahar Negro sobre negro...) Uns retalls de memòries que, sense desmerèixer les descripcions, agafen especial volada quan narren sensacions, sabors, estats d'ànims i els personatges. I és que Briongos és tota una mestra a l'hora de fer coneixences úniques!
Geografías íntimas es llegeix d'una tirada. Potser sembla un llibre fàcil però se n'ha de saber, d'escriure i de la vida, per destil·lar la visió singular de veure el món que domina aquest atles intransferible que afegeix il·lustracions d'Àlex Ferrer.
Caminar Barcelona
Patrícia Gabancho
Editorial: Columna
Barcelona, 2016
Pàgines: 352
Preu: 17,90 euros
geografías íntimas
Ana M. Briongos
Il·lustracions:Àlex Ferrer
Editorial:
 Laertes
Barcelona, 2015
Pàgines: 165
Preu: 14 euros

lunes, 18 de enero de 2016

CondéNast Traveler

MUJERES VIAJERAS ESPAÑOLAS: NUESTRAS EXPLORADORAS DEL SIGLO XXI



3 de 13 —Los Mil y Un Orientes de Ana María Briongos (1946)


Foto: D.R. Texto: Meritxell-Anfitrite Álvarez Mongay — LOS MIL Y UN ORIENTES DE ANA MARÍA BRIONGOS (1946).  Negro sobre negro fue el primer libro que escribió sobre Irán; luego vendría La cueva de Ali Baba. En Un invierno en Kandahar relata sus aventuras en Afganistán, y en ¡Esto es Calcuta! su viaje a Bengala Occidental. Geografías íntimas (Laertes, 2015) es lo último publicado por la escritora. Ana María Briongos es una viajera pausada. “El tiempo para mí es fundamental, poder pasarme un día sentada en la mezquita de Isfahán, sin hacer nada, sólo hablando con la gente que pasa y contemplando aquella maravilla de minaretes y patios”. La primera vez que los vio tenía veinte-pocos. “Estaba de moda viajar a Oriente, los jóvenes se iban en busca de gurús a India como habían hecho los Beatles; pero yo me marché porque estaba cansada de exámenes, de activismo sindical y de una familia que rezaba muchos rosarios. El viaje lo preparé muy rápido; entonces en una mochila me cabía todo: una falda y un vestidito fino, un neceser con lápiz de ojos negro y poca cosa más. Estuve casi un año fuera de casa”. Se quedó prendada de la antigua Persia y regresó para estudiar farsi y literatura en Teherán. “Mi libro de cabecera es El camino cruel, de Ella Maillart. Debía de ser una mujer muy valiente: se fue con una amiga en un descapotable hasta Afganistán en los años 40”. Ana se fue sola porque nadie la quiso acompañar. “Y nunca tuve ningún problema, pero porque he tenido mucha suerte y porque he sido muy prudente”. Procuraba alojarse en casas de familias con abuelos y niños. “Cuando me veían llegar sola les daba pena porque pensaban que no tenía a un hombre que me protegiera… Es cierto que las mujeres han de tener cuidado cuando van por el mundo; yo siempre recomiendo vestirse de forma adecuada para no llamar la atención”. Por lo demás, todo son ventajas para las viajeras occidentales en los países árabes. “Somos el tercer sexo: no estamos sujetas a las leyes estrictas del Islam, podemos participar en las reuniones masculinas y entrar en las cocinas donde los hombres no pueden pasar”. Cuando tuvo hijos dejó un tiempo de viajar. “Estuve bastantes años haciendo de madre…” Pero ahora… “Dentro de nada me voy a la boda de unos buenos amigos del bazar de Isfahán: los hombres se aburren por un lado y las mujeres bailan, cantan y se lo pasan bomba por otro”.

Cristina Morató

«Quiero recomendaros el último libro que acaba de publicar mi amiga y admirada escritora Ana Briongos. Muchos ya la conocéis por sus amenos y muy bien documentados libros de viajes basados en sus experiencias personales en India, Afganistán o Irán. Ana (nacida como yo en Barcelona) fue alumna de lengua y literatura persa en la Universidad de Teherán y durante un periodo de casi diez años trabajó en Irán y Afganistán como asesora e intérprete. Ahora nos sorprende con estas GEOGRAFÍAS ÍNTIMAS, un libro delicioso de relatos cortos que te traslada a lugares tan distintos y distantes como Calcuta, Fez, Bali, Venecia, Casablanca… Y así hasta treinta y cinco destinos que de la mano de esta infatigable y curiosa viajera de raza, se nos presentan cautivadores y llenos de magia. El libro cuenta con las hermosas ilustraciones del dibujante Àlex Ferrer y es un viaje breve y gozoso a lugares y gentes que nadie como Ana Briongos es capaz de retratar con tanta sensibilidad y maestría.» ✒ CRISTINA MORATÓ

lunes, 28 de diciembre de 2015


Culturamas, la revista de información cultural
Geografías íntimas
Ana María Briongos
Laertes
Barcelona, 2015
164 páginas
Por Ricardo Martínez Llorca
un invierno en kandahar
Tras su estancia en Afganistán, a quien debe gran parte de su educación sentimental, Ana María Briongos (Barcelona, 1946), escribió uno de esos libros notables, Un invierno en Kandahar (Laertes). En él se relata una experiencia de aprendizaje en un país completamente desconocido para nosotros, pues el relato se ubica en los años sesenta y setenta. Tras una incursión hippie por Asia, la autora nos habla del territorio que escogió, de sus paisajes, de su gente, de sus leyendas; del amor y el odio en territorios extremos, de la amistad y de la melancolía.
Décadas después, Ana María Briongos se detiene a observar el pasado con algo que uno llamaría ternura, de no ser porque esta palabra resulta demasiado cursi para lo que Briongos consigue: sensaciones, pasiones, reflexiones, un cuaderno de apuntes con leves huellas de memoria, para hacer las paces con el mundo. En ocasiones comienza la estampa con el caos, para apurar hasta sacar entre él un detalle de belleza. O se atreve a ser únicamente lírica o nos desafía con el hecho de que viajar es como el lenguaje hablado o la sonrisa, algo únicamente humano.
Estas son algunas de las cosas que la autora recuerda para huir del presente: todo lo que represente levedad porgeografías intimas efímero o porque no está anclado al suelo; volverse agua y mojar las manos en los ríos; las buganvillas en flor, la tertulia rodeando las llamas o a la sombra de una gran acacia; la infancia con su sabor a flan; la naturaleza alejada de la contaminación aunque sea por milímetros; un tono de bohemia que comulga con lo pastoril; los pequeños sabores y todo lo que se aprende por el olfato; las diversas representaciones del misticismo que ha dado cualquier cultura; la paz, los campesinos y los artesanos; Rabindranath Tagore; los valles; lo que tiene que ver con la botánica pero no con la ciencia; Asia y la India, el país simbólico de los contrastes y las diferencias; contemplar cordilleras y las múltiples formas de la sana locura; la medicina natural; tomar conciencia de que la mirada es el alma; los secretos que guardan los demás y toman posesión de sus gestos; la lluvia y la sequía y el diluvio; los espejismos como trasunto de la imaginación; el Mediterráneo; los cantos de los almuédanos; la bruma que escampa y la bendición de vivir; el tiempo que transforma las imágenes y, por supuesto, la inocencia de los niños.

martes, 12 de mayo de 2015

NOVEDAD:

UN INVIERNO EN KANDAHAR 
Afganistán, antes de los talibanes 
(2.ª ed. revisada y ampliada)
de Ana M.ª Briongos 



El relato de la particular experiencia de una joven aventurera en Afganistán entre 1969 y 1977, un país completamente desconocido en aquel entonces por el mundo occidental. La narración parte de las vivencias de Ana M.ª Briongos entre los grupos hippies de Kandahar y continúa con su intromisión casual entre los círculos más acomodados de Kabul y el viaje a las zonas montañosas del país. Acunando la trama se eleva un canto al valor de la amistad y una hermosa elegía por los compañeros desaparecidos.

Ana M.ª BriongosLicenciada en Ciencias Físicas por la Universidad de Barcelona y escritora. Estudió en la Facultad de Letras de la Universidad de Teherán y durante casi diez años viajó por Afganistán e Irán donde trabajó como asesora e intérprete. Posteriormente ha pasado largas temporadas en la India e Irán. Ha escrito varios libros de viajes sobre Irán (Negro sobre negro - Irán, cuadernos de viaje, La cueva de Alí Babá - Irán día a día y Recetas y costumbres gastronómicas de Irán), la India (¡Esto es Calcuta!) y Afganistán, basados en sus viajes y experiencias personales.

miércoles, 8 de abril de 2015

Entrevista a Ana M.ª Briongos

anabriongos

La escritora de viajes nos muestra con sus libros lo que hay detrás de un velo en países como Irán o Afganistán.

Si se montara sobre una alfombra mágica, Ana Mª Briongos volaría sin pensárselo dos veces hacia Oriente: a India, a Afganistán o a Irán, países donde ha vivido largas estancias y sobre los que ha escrito varios libros de viaje: ¡Esto es Calcuta!, Un invierno en Kandahar, Negro sobre negro La cueva de Alí Babáeste último publicado en edición ampliada por Laertes recientemente. Todo empezó con el mítico Hippie Trail…
“Lo que vemos por televisión no es Irán: es un país en revolución y en guerra”
La Línea del Horizonte: ¿Cómo eran aquellos viajes de la ruta hippie?
Ana Mª Briongos: Había muchos jóvenes que viajaban a India porque los Beatles se habían ido a buscar a su gurú y se puso de moda ir hacia Oriente. Yo me podría haber ido a cualquier sitio, porque de lo que se trataba era de irse de casa. Pero como lo que entonces se llevaba era India, a India fui.
Ana Briongos en Band-i-Amir, Afganistán, 1976.
Ana Mª Briongos.
LDH: Y te fuiste sola…
A.B.: Porque nadie quiso acompañarme. De todas formas, por el camino te encontrabas con otros viajeros que hacían la misma ruta y te unías a ellos.
LDH: ¿Cómo ha cambiado tu manera de viajar desde entonces?
A.B: Mucho. En este momento ya no llevo una mochila, sino que voy con una maleta de ruedas y en avión; cuando antes, incluso los trayectos largos los hacía en autobús o en carro, primero porque no tenía dinero, y segundo porque tenía mucho tiempo, ¡era rica en tiempo! Hoy en día los viajeros de mochila y autobús tienen muchas más dificultades para cruzar países y fronteras, porque Estados que eran estables y seguros en aquella época, como Líbano, Siria, Jordania, Irak, Irán… ahora están continuamente en guerra.
Valle de Bāmiyān, Afganistán.
Ana Mª Briongos.
LDH: ¿Era igual de fácil viajar por estos países siendo mujer?
A.B.: Para mí sí. Además, en los países musulmanes tenía la oportunidad de entrar en las zonas de las mujeres, que los chicos tenían prohibidas. Digamos que yo era el tercer sexo: no era ni una mujer musulmana encerrada en casa ni un hombre, pero podía entrar en las cocinas de las mujeres y en las reuniones de los hombres: ¡perfecto!
LDH: Tenemos entendido que estuviste a punto de casarte con un sobrino-nieto del rey Afganistán…
A.B.: Bueno, en toda esta aventura fui a parar a casa de unos sobrinos del rey, que me acogieron. Sus padres eran como mis padres en Afganistán, y en un momento dado dijeron que no les importaría que yo me casara con su hijo; cosa muy rara, pues no había extranjeros dentro de la familia real afgana. La propuesta me conmovió, porque significaba que me apreciaban, ¡pero ni él ni yo estábamos dispuestos a casarnos! Fueron ellos que se montaron su película…
LDH: ¿Imaginas cómo hubiera sido tu vida de haberte emparentado con el rey de Afganistán?
A.B.: Afganistán ha tenido una historia muy dura en los últimos años… Esta familia fue a parar a la cárcel durante la invasión soviética, después tuvieron que salir del país y están todos esparcidos por el mundo como refugiados políticos… Probablemente no volverán nunca a su país. Así que creo que hicimos muy bien en no casarnos; aunque mantengo contacto con ellos, somos muy amigos, vienen a visitarme a Barcelona de vez en cuando y, de hecho, yo voy ahora a la boda de uno de los hijos.
LDH: De quien sí te enamoraste en Irán fue de la poesía persa
A.B.: Hay poetas extraordinarios allí… “¡Eh! Gentes que estáis en la playa contentos, riendo, hay una persona en el agua que se está ahogando…” –recita en persa–. Son versos de Nima Yushich, el primer poeta moderno que se saltó las normas de la poesía clásica, escritos a mediados del siglo XX. Me gustan mucho los poetas actuales también, como Ahmad Shamlú, la gran poetisa Forugh Farrojzad, o Simin Behbahani, otra mujer… todas ellas muy veneradas, poderosas y potentes.
Ana Briongos en Teherán, con las poetas Simin Behbahani y Nahid Kabiri.
Ana Mª Briongos.
LDH: A Behbahani la llamaban la “leona de Irán”.
A.B.: Era una mujer con mucha presencia. Toda una luchadora por los derechos humanos y de la mujer. Llegó un momento en que decía lo que le daba la gana, porque tenía tal veneración popular y tantos años –murió a los 87, el año pasado– que ya no le importaba lo que le pudiera ocurrir.
LDH: ¿Cuál es el principal problema al que se enfrenta la mujer en los países islámicos?
A.B.: Lo más grave es que la ley considera a la mujer como la mitad de un hombre. A la hora de ir a un juicio, por ejemplo, su testimonio vale la mitad del de un hombre; por lo tanto, se necesita el testimonio de dos mujeres para que tenga el mismo valor que el de un hombre. En caso de divorcio, los niños son propiedad de la familia del marido… Y muchas leyes absurdas más que las mujeres iranís luchan por cambiar.
LDH: ¿Tienen fuerza los movimientos feministas en Irán?
A.B.: Mucha, porque sus mujeres están muy bien preparadas; son profesionales, escritoras, abogadas… Claro que reciben golpes a diestro siniestro, pero porque están a pie del cañón, en primera fila. En los últimos años, las feministas islámicas han llegado al parlamento y están formándose teológicamente para ponerse al nivel de los ayatolás a la hora de discutir la ley teológicamente, con complicadas estratagemas lingüísticas.
LDH: Estas feministas islámicas usan el velo de forma voluntaria…
A.B.: Sí… En época del padre del Sha, hace más de cien años, se prohibió el uso del velo, así como el fez tradicional a los hombres, a quienes se les obligó a utilizar el sombrero occidental. Para las niñas iranís, quitarse el pañuelo supuso dejar de ir a la escuela, porque los padres no las dejaban salir descubiertas de casa. Ahora ocurre al revés: por fuerza tienen que ir cubiertas. Esto, para las mujeres de la ciudad que vestían a la manera occidental es un palo, una obligación que las pone en rebeldía; pero para el resto de mujeres de ciudades pequeñas y zonas rurales, el tirarse el chador por encima es una costumbre de toda la vida.
Ana Briongos en Ghom, de visita al mausoleo de Bibi Fatmá, hermana del Emam Rezá.
Ana Mª Briongos.
LDH: Tú te pusiste un burka en alguna ocasión. ¿Cómo fue salir a la calle tapada de la cabeza a los pies?
A.B.: Para quien no está acostumbrada es muy complicado; eres como un caballo con las orejeras para que no se distraiga en la era. Sólo ves un cuadrado y vas tropezando por todas partes; tienes que ir siguiendo a alguien para no caerte. Por eso las mujeres afganas siempre van unos cuantos pasos por detrás de un hombre, siguiendo una sombra. Para mí fue una experiencia simplemente simpática, porque no estaba obligada… En cualquier caso, no todas las mujeres afganas van con chadrí: las que tienen que trabajar en el campo no se visten así, porque necesitan movilidad y vista.
LDH: No sólo las mujeres ven recortadas sus libertades en Irán. Está el caso del cineasta Jafar Panahi, que tiene prohibido abandonar el país y rueda sus películas en la clandestinidad. Le dieron el premio a la mejor película por Taxi este año en la Berlinale.
A.B.: No he visto sus últimos trabajos. El globo blanco fue la primera película que vimos de él en España, muy bonita, de niños, que es lo que hacían los iranís para poder saltarse la censura, películas de niños. El espejo también es de niños, aunque la más conocida es El círculo, sobre las vejaciones cotidianas y la falta de libertad que sufren las mujeres en Irán.
LDH: El Irán que nos muestras en tus libros es mucho más amable, distinto…
A.B.: Es que lo que vemos por televisión no es Irán: es un país en revolución y en guerra. Los iranís son gente muy afable, sensible y acogedora, que existe al margen de sus gobiernos y del clero chiita. Irán es mucho más que eso: tiene una cultura milenaria impresionante, una antigua religión zoroastriana interesantísima, una sociedad laica muy potente…
LDH: Y una cultura gastronómica que has recogido en un libro
A.B.: En mis viajes a Irán he pasado mucho tiempo con mujeres en las cocinas, así que aproveché para poner en orden las recetas y prácticas que aprendí: cómo poner una mesa, limpiar verduras, preparar una boda, la fiesta de fin de año…
LDH: ¿Qué plato de la gastronomía iraní nos recomiendas?
A.B.: A mí me gusta mucho el kashke bademjan, que son berenjenas con kashk, una especie de yogur agrio que se utiliza mucho en la cocina persa, porque es la manera que tienen de conservar la leche, en bolas, seca; luego la derriten con agua y se forma esta pasta blanca que mezclan con las berenjenas. Es un plato de desierto.
LDH: ¿Qué tal fue tu experiencia con los nómadas en el desierto?
A.B.: Dormí siempre vestida y con el pañuelo puesto, ¡pero porque pasé un frío horroroso, horrible! Aparte de esto, es sorprendente las escuelas que se montan en mitad de la nada. Los niños se sientan en el suelo alrededor de un maestro y una pizarra, con su cartera y su lápiz, y eso es la clase. Y, por supuesto, las mujeres nómadas no van con chador negro: llevan unos vestidos de faralaes preciosos y unos gorritos de cuentas de colores y unos velos de tul maravillosos… Parecen princesas, pero son ganaderas: crían a los hijos, cocinan, hacen el pan, ordeñan… Yo no sería capaz de llevar una vida así.
Ana Briongos en la mezquita del Emam, Isfahán, 2014.
Ana Mª Briongos.
LDH: “Las alfombras son las casas de los nómadas”, dices en La cueva de Alí Babá.
A.B.: Sí, quien tiene una alfombra tiene una casa, porque es encima de ellas donde viven. Además, como no tienen plantas, tienen tejido allí también su jardín.
LDH: Debes de tener toda una colección de alfombras persas en casa…
A.B.: Tengo alguna, pero no es nada del otro mundo… Lo que sí que tengo son jajims, unas mantas a rayas, tejidas a mano, que utilizan los nómadas para envolver sus paquetes cuando se trasladan. Son más baratas que las alfombras (¡mi economía no da para alfombras, que son carísimas!), ocupan menos sitio, las puedes utilizar para poner encima de un sofá, de una mesa o como cubrecama, y son muy bonitas.
LDH: ¿Adónde te irías ahora con una alfombra voladora?
A.B.: Ahora me voy a Estados Unidos, porque tengo un nieto en San Francisco y tengo a cumplir, con mucho gusto, mis labores de abuela. Pero mi corazón está en Oriente; allí me siento como en casa, y procuro ir cada año o cada dos años para ver cómo palpita el país. La última vez que estuve en Irán, hace unos meses, se respiraba mucha ilusión con el nuevo presidente y las negociaciones con Obama. Incluso los más jóvenes, que no conocen lo que había antes de la revolución, están hartos de tanto control estatal; van con el símbolo de Ahura Mazda, el dios zoroastriano, que representa un regreso a la antigüedad persa de antes de la invasión árabe. Hay movimientos de rebeldía; quieren que las cosas cambien.
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