jueves, 19 de marzo de 2015

NOVETAT:

ELS SOMNIS A LA CASA DE LA BRUIXA 
de H. P. Lovecraft 
Edició i traducció d’Emili Olcina
Il·lustració de la coberta: Kim

En el marc gòtic d’una casa ruïnosa minada per recintes secrets i d’una ciutat decrèpita que al cap de segles manté vius els espants de la caça de bruixes a Massachusetts de 1692, un jove nerviós se submergeix en el seu món oníric i visita escenaris alhora terrorífics i enlluernadors. A cavall entre el somni i la realitat, enmig d’aparicions atiades per l’entorn sinistre, sorgeixen figures tan esgarrifosament memorables com Brown Jenkin, la riallera rata antropomorfa.
Un peculiar poder de fascinació explica que Els somnis a la casa de la bruixa hagi estat repetidament adaptada al cine i al teatre i inspirat diverses versions musicals, inclosa una important òpera rock.
Howard Phillips Lovecraft va néixer un 20 d’agost a Providence, la capital de l’estat de Rhode Island, el 1890 i hi va morir un 15 de març de 1937. Va fer escapades (al Quebec, a Florida i Louisiana, a Ohio) i va viure dos anys a Nova York (1924-1926) en el curs de l’efímera, i per a ell traumàtica, convivència conjugal amb Sonia Greene, però el grau d’adherència a la ciutat natal justifica que a la seva làpida figuri la inscripció: «Jo sóc Providence». Si bé, a vegades, els horrors lovecraftians es manifesten en uns esgarrifosos paisatges de fantasia, són els escenaris familiars de la ciutat de Providence o de les profunditats boscoses de Nova Anglaterra els espais que solen emmirallar els abismes còsmics en els quals Lovecraft cerca obsessivament «la perfecció de l’horror».
Tot i que en vida no va ser admirat sinó per una minoria (formada, això sí, per escriptors i entesos d’alt nivell), Lovecraft ha assolit avui el reconeixement (popular, crític i acadèmic) com un dels grans autors de la literatura del segle XX, i és el mestre insuperat de les generacions posteriors d’escriptors que han cultivat la fantasmagoria, el terror i la ciència-ficció.

martes, 17 de marzo de 2015

ENTREVISTA EN PLIEGO SUELTO

Josep Roca: “Diario del chuloplaya es una nouvelle picaresca como el Lazarillo, Periquillo o el Guzmán”

Sobre el autor
Textólogo. Lic. en Filología Hispánica (Universitat de Barcelona) y en Periodismo (U. de San Martín, Lima). Trabajó en Expreso y Frecuencia Latina TV (Perú) y colaboró con El Universaly W Radio (Colombia). Reside en Barcelona y ha sido articulista de Mundo Hispano y Tribuna Latina. Sus temas: política internacional, inmigración, literatura, rock y culturas juveniles. Desde 2009 es editor-coordinador de PS. Actualmente realiza el Máster de Experto en ELE.
















Josep Roca Torán (Barcelona, 1963) es escritor, creativo publicitario y ha sido autor de relatos pornográficos publicados en las revistasPenthousePlayboy y Kiss Comix. Su último libro es una nouvelle titulada El diario del chuloplaya (Laertes, 2015) en la que retrata la Costa Brava de los años 80 y el submundo de los “cazadores de sexo”, el turismo de sol, playa y discoteca. Roca es autor de otros títulos como Levon y sus instantes (2013), Nocturnos del Quadrat d’or. Pornografía de Barcelona (2010), La tarde que compré la vida sexual de Catherine M. (2008) y Potser (2000), entre otros .
La pornografía es uno de los principales hilos argumentales que manejas tal como se aprecia en tus libros y en tus relatos para Penthouse, Playboy y Kiss Comix. ¿Cómo te inicias en el subgénero pornográfico?
Gracias a Pedro Balart Codina, quien fue director de Penthouse. Mi primer relato lo escribí a máquina, aún no tenía ordenador entonces. Lo llamé por teléfono y se lo mandé por fax. Al cabo de dos días, él me telefoneó, me dijo que se ajustaba bien a las características de la revista y me preguntó: “¿tienes más?”. Luego le envié 6 o 7 entre 1990 y 1991, pagaban muy bien. Y cuando Penthouse y Playboy empezaron a reducir la publicación de los relatos, descubrí Kiss Comix, que editaba La Cúpula, y se los envié a Hernán Migoya (ahora está entre Lima y Barcelona) y con el paso del tiempo colaboré con otros redactores jefes como Sergi Puertas y Rubén Lardín. Luego, publicaron la edición inglesa, francesa y norteamericana, y los tradujeron.
¡Qué bien!
Paralelamente a la narrativa que publicaba con Editorial Laertes, en Kiss Comix y en los fanzines pulí el estilo. Desarrollé dos registros diferentes. Por un lado, el Josep pornográfico y por el otro el Josep no pornográfico. Tanto uno como otro tienen similitudes porque lo que busco son personajes que están en el vacío, desorientados, que no saben a dónde van. Y todo esto se canalizó a través de Potser (Laertes, 2000), que es un libro en catalán al que le tengo mucho cariño. Habla de un marino perdido.
Volviendo al tema de la pornografía, ¿qué elementos de la narrativa has incorporado a tus relatos?
Pedro Balart de Penthouse me introdujo en la locura del juego de palabras y me explicó cómo debía ser la pornografía, un género que siempre me ha llamado la atención desde el punto de vista literario. Es curioso, mis textos tienen una tendencia pornográfica en el sentido de revelarlo todo y por el uso de palabras “sucias” u “obscenas”, pero, al mismo tiempo, incorporan un montón de recursos poéticos. Creo que en ningún momento se distorsiona el texto. La idea es hacer una pornografía sin pornografía y eso es lo que me permite dar un salto hacia la prosa poética.
Marqués de Sade, 1795
¿Qué significan la pornografía y el erotismo para ti?
La pornografía es lo explícito y el erotismo lo sugerido. Lo mío puede ser una pornografía erótica o un erotismo pornográfico. Creo que es muy fina la línea divisoria y quiero que el lector se quede con los sentimientos y las sensaciones. El Marqués de Sade es pornografía –por supuesto-, pero hay un montón de cosas detrás. ¿Estaba enfermo? No lo sé. Probablemente sí, o no. ¿Georges Bataille es pornográfico? Sí, pero también es erótico. Cuando yo escribía, me daba cuenta de que dotaba de contexto a la “robótica pornográfica”. No se trata de representar el acto como tal (en plano cerrado), sino que a partir de ahí se tengan una serie de sensaciones, fantasías, desengaños. A la gente le echa para atrás la palabra “pornografía”. En cambio, la palabra “erotismo” le pone… (Risas).
¿Alguna anécdota?
Sucedió una muy graciosa cuando publiqué Nocturnos del Quadrat d’or: Pornografía de Barcelona. Fernando Molero, pintor y gran amigo mío, que vive entre Nueva York y Barcelona, ilustró el libro. Se lo envió a una de sus galeristas en Nueva York, comentándole que el libro había sido escrito por un amigo. Al cabo de unos quince días, recibió en el buzón de casa un papelito de Correos para que fuera a su oficina postal. Al llegar se encontró el libro. Ella se lo había devuelto con una nota que decía que eso era pornografía y como tal no podía estar en su casa porque había niños. Estamos hablando de un libro que mide 12 x 8 centímetros. Además, no es pornografía, es prosa poética. Por favor…(Risas).
Just Jaeckin, 1974
Estados Unidos, aunque predique la modernidad y postmodernidad no deja de ser un país de puritanos.
Por supuesto. Era solo una anécdota para que vieras qué difícil es diferenciar pornografía y erotismo. ¿Erotismo? El de Emmanuelle, me parece fantástica esta película de 1974. A principios del siglo XX, la pornografía estaba hecha para consumo único y exclusivo de gente muy rica, que hacía pases privados de películas. Incluso actuaban ellos mismos. Y, de pronto, se popularizó. En fin, la pornografía no es ni buena ni mala.
Más allá de la pornografía y el erotismo, eres un autor que navegas por distintas aguas: la narrativa, la poesía, la redacción publicitaria o el fanzine.
A mí lo que me gusta es todo lo que tiene que ver con el eslogan de aquel anuncio de la colonia Brummel: “donde te la juegas es en las distancia cortas”. (Sonríe).
La brevedad conecta tus distintas facetas creativas.
Me gusta mucho la idea de hacer una prosa poética, milimétrica, que sea precisa. Lo que trato de hacer, aparte de construir una historia, es expresar sensaciones y sentimientos. Busco la esencia e intento pulir al extremo. Por ejemplo, renuncio a los adverbios. Un crítico de la revista Le Cool dijo que yo era un “científico de las palabras”, en relación a La tarde que compré la vida sexual de Catherine M. Yo siempre he sido sintético. Creo que un texto ha de tener una vida interior y si no la tiene, no me está transmitiendo nada.
Kiss Comix, 1991-2011
Participas también en proyectos colectivos como Papermind (fanzine),Tintas Alternativas y Adicciones porquesí.
Aunque me inicié a principios de los 90 en Penthouse y Playboy, y continué en Kiss Comix hasta el 2000, el mundo del fanzine siempre me interesó y me ayudó mucho a quitarme el corsé. Después siguieron otros proyectos editoriales, publicitarios y los trabajos con Laertes, que me dieron la oportunidad de escribir con total libertad: No me digas nada más (1996), Això és Rádio Pica (1998), Potser (2000) y ahora con El diario del chuloplaya. Editorial Laertes es una editorial que,con la que está cayendo, sigue ahí aguantando al pie del cañón. Además, impulsó la primera etapa narrativa de Enrique Vila-MatasLuis Antonio de Villena y de Javier García Sánchez.
De otro lado, en Levon y sus instantes se aprecia un cambio de tono, que evoca la claustrofobia de un personaje en el limbo.
Es una metáfora de un marinero que se encuentra en una situación extrema. No es ni siquiera un monólogo porque el narrador es externo. Gente que se lo ha leído me suele preguntar: ¿se muere o no se muere? Yo creo que eso es lo menos importante. Levon es un hombre que está en un barco en medio de una guerra, abandonado en un país que no conoce. Es un contexto descontextualizado, un “no lugar”.
Levon y sus instantes, 2013
Otro de tus sellos característicos es el sentido del humor.
Creo que la ironía es un recurso muy interesante cuando se usa de forma adecuada y no es un simple ataque porno. Siempre intento que esté presente el doble sentido, el juego de palabras, los chistes que tienen más de una lectura y los comentarios humorísticos. Care Santos (crítica y escritora) dice que el humor es una herramienta muy difícil de utilizar y sobre todo de calibrar. Siempre intento que esté presente. Al escribir El diario del chuloplaya me preocupaba caer en el tópico porque no me gusta el humor zafio.
Diario del chuloplaya es la descripción humorística del submundo de los “cazadores de sexo” en torno al turismo de playa y discoteca de la Costa Brava a principios de los años 80¿Cómo definirías a un chuloplaya?
Aquel personaje que va buscando acostarse con todas las tías que encuentra en el camino y marca terreno como diciendo “qué guapo que soy”. Creo que es una figura universal. Es el cazador de tías, el playboy, el Don Juan, el dandy arruinado. Por las formas son perfectamente chulosplaya Cristiano Ronaldo, Silvio Berlusconi y Strauss-Kahn. (Risas).
Anónimo, 1554
Interesante.
Diario del chuloplaya es una nouvelle picaresca como el Periquillo el de las gallinerasEl Lazarillo de Tormes o Guzmán de Alfarache del siglo de oro españolEl espíritu está ahí y me interesa esa vida interior, componer más que redactar.
Es también un retrato y reconstrucción social de la última etapa de la transición española a través de personajes como “El Nen” y “El Berraco”.
Exactamente. Hace unos años en una de mis visitas al mercadillo de Els Encants Vells me llamó la atención un cuaderno con anotaciones de alguien que había pasado el verano en la Costa Brava en los años 80. Aparecían adhesivos de discotecas, un listado de mujeres con sus descripciones, los nombres de los amigos del autor (desconocido) y cosas que tenía que comprar. Pagué por ello un euro y me lo llevé a casa…
Recuerda al comienzo del Quijote y el manuscrito del sabio Cide Hamete Benengeli.
En cierto modo, sí. Cervantes fingió haber encontrado en el mercado de Toledo un manuscrito árabe. El cuaderno y la historia son reales, aunque se parezca al Quijote o a los relatos de Edgar Allan Poe, que siempre se encontraba manuscritos. Eran unas cien páginas infumables y tuve que documentarme, “limpiar”, buscar una historia y su esencia. He investigado sobre los hábitos, la música, la ropa, las marcas, los precios, la jerga mimética y una serie de estéticas que provenían del extrarradio de Barcelona, Madrid y Bilbao. No puedes poner palabras cultas en boca de “El Nen” y de “El Berraco”, no son licenciados en Oxford ni en Cambridge, pero son chavales inteligentes y currantes.
Pino D’Angiò, 1981
No intento hablar de moral, ellos son estereotipos de gente que sociológicamente existe y tienen un carácter determinado. Me gusta ver cómo se mueven, y no digo que lo que hagan esté bien o mal. Tampoco quería caer en el machismo, si lo lees entre líneas, las que tienen la sartén por el mango son siempre las chicas.
Llama la atención la presencia de las canciones de la época, sobre todo las variantes del flamenco y de la rumba.
Es lo que se llamaba la rumba taleguera. Ahí están Los Chichos y Los Chunguitos. Las canciones las he ido encajando en contextos donde la misma letra ya te dice las cosas. Los jóvenes del extrarradio eran hijos de la inmigración del sur (Andalucía, Extremadura y Murcia) y en la historia no podían salir los Pink Floyd ni los Sex Pistols, sino la rumba taleguera, música disco y Pino D’Angiò (autor de “Ma quale idea”, que justamente habla de un chuloplaya italiano).
Oscar Pàmies, quien presentó mi libro en La Central de Barcelona, me dijo: “Josep, es la mejor novela histórica y picaresca que he leído”. Lo decía porque nunca –que yo sepa– la literatura había tocado la figura del chuloplaya.
El bilingüismo (español y catalán), la polifonía y la interrelación idiomática refuerzan también el realismo del libro.
Marc Javierre, 2014
Mezclar los dos idiomas es propio de la gente de aquí (Cataluña), eso que llaman catañol. Aparecen también mezclas del inglés, alemán, danés e italiano porque en verano se habla así en Lloret de Mar, Blanes y Calella. Está escrito tal como suena fonéticamente. Esa época la recuerdo perfectamente. España hizo el Mundial (1982), venían los italianos y hablaban solo de fútbol. El idioma extranjero de la gente joven que tenía estudios era el francés. El inglés apenas se usaba, era una lengua minoritaria entre los españoles y quien lo hablaba era un autodidacta.
Un giro argumental es el viaje de “El Nen” a Múnich y la metamorfosis que experimenta. 
El “Nen” es un buscavidas. Cuando está por acabarse el verano, se mete en un autobús de jóvenes cristianos para ver cómo viven los alemanes y sucede algo gracioso: él se comporta como ellos en España, hace el papel de guiri. Se quiere comer todo desde aquí hasta Júpiter, “voy a exportar mi polla”, dice. (Risas). Desde que empieza la historia no se droga, no hace nada violento, solo bebe Kas de limón y a partir de ahí bebe cerveza y se emborracha. Está fuera de contexto. Para “El Nen”, Múnich es la ciudad más aburrida del mundo y se la va a tatuar para nunca olvidarse del viaje. Después, de alguna manera, tenía que comprobar que estaba descontextualizado, cuando dice: “Lloret is not Spain. Munich is not Lloret”.
Tourist Walk, M. Javierre
El pasado diciembre entrevistamos al fotógrafo Marc Javierre-Kohan sobre sus trabajos críticos con el fenómeno del turismo masivo y los problemas de convivencia social que causan en Barcelona, al que califica de “actividad depredadora”. ¿Por qué los guiris se desmadran aquí y en sus países adoptan una conducta ejemplar? 
La verdad es que no lo sé. Quizás la respuesta la tenga “El Berraco” cuando dice que allá (en el norte de Europa) suele llover 300 días al año y que el frío y la lluvia hacen que la gente sea triste. Ahora se habla mucho de Magaluf y del “mamading”, eso ya existía en los 80 o antes, lo que no existía era el teléfono móvil para grabarlo y el tener una cámara de vídeo era todo un lujo. Hay un pasaje en Diario de un chuloplaya donde una alemana es prostituida por un trago, y eso es real. Yo conozco casos. Ser guiri e ir a Blanes equivale a hacer la carrera universitaria en desmadre. Mientras que ir a Lloret de Mar equivale a hacer el máster en desmadre.
Un ghetto de guiris.
Exactamente. Estuve hace poco en Mallorca, porque mi chica es de allí, y luego pasé a Magaluf. Joder, todos los carteles están en inglés. Nadie habla español ni mallorquín. Me pareció como Manchester con sol y playa. (Sonríe).
Finalmente, ¿qué proyectos tienes por delante?
Adicciones porquesí, entre abril y mayo, publicará Encuentros y extravíos, una plaquette con siete textos eróticos, irónicos y nada previsibles, ilustrados por Albert Cano. También le doy vueltas a una posible novela en la línea de Levon y sus instantes y Potser. Porque un chuloplaya te sale solo una vez, una historia absolutamente estrafalaria con personajes entrañables y, al mismo tiempo, escabrosos.


lunes, 2 de marzo de 2015

RESEÑA:

Imágenes Narradas 
es fruto de un profundo conocimiento del lenguaje cinematográfico 
de los años de experiencia de Coral como profesora, guionista y analista de guión.

RESEÑAS • Cinema Comparat/ive Cinema • Vol. II • Núm 4. • 2014 • 113-114
Coral Cruz. Imágenes narradas. Cómo hacer visible lo invisible en un guión de cine.
Laertes, Barcelona, 2014, 158 pp.

Clara Roquet

Waldo Salt, guionista de Cowboy de Medianoche (Midnight Cowboy, John Schlesinger, 1969), entre otros filmes, formado en los Estudios de la era dorada de Hollywood y rechazado por el propio sistema durante la caza de brujas, hablaba así de lo que el mismo llamó «el arte del guión cinematográfico»: «Creo que un día nos daremos cuenta que la escritura de guión es, de hecho, una forma de escritura propia, que consiste en narrar en imágenes. Es una estética distinta, muy alejada de la del teatro o la novela. No me gusta comparar, pero creo que se acerca mucho más a la técnica de la poesía que a la técnica de la escritura dramática».
En las aulas de la Escuela de Cine de Columbia University en Nueva York, descubrí que uno de los libros más recomendados en las clases de guión es El arte de la escritura dramática de Lajos Egri, dramaturgo y profesor de escritura dramática. Este hecho demuestra que la escritura de guión es aún considerada y enseñada desde una perspectiva esencialmente narrativa, priorizando la trama y la estructura por encima de las imágenes y su capacidad poética y simbólica, que suelen considerarse terreno del director. Esta concepción, extensamente aceptada en la Industria del Cine Americana, basada en la jerarquía y consecuente compartimentación de los roles creativos, sigue vigente también en Europa, con la única excepción en muchos casos del cine de autor, por la fusión de las figuras de guionista y director.
Es quizás por esta convención que hace unos años me sorprendió descubrir que directores como Béla Tarr o Andrei Tarkovsky habían escrito algunas de sus obras más poéticas y menos narrativas en colaboración con guionistas. Béla Tarr escribió sus últimas cuatro películas, entre ellas Sátántangó (1994) y Armonías de Werckmeister (Werckmeister harmóniák, 2000), con László Krasznahorkai, escritor y poeta húngaro que adaptó sus propias novelas como guionista junto a Béla Tarr. El espejo (Zerkalo, 1975) de Tarkovsky, fue co-escrita con el guionista ruso Aleksandr Misharin. Resulta prácticamente imposible pensar que ambos guionistas no participaran de la creación del entramado poético y simbólico que define las películas de Tarkovski y Béla Tarr, lo cuál replantea los límites del guionista en la construcción de la visualidad de una obra, su aportación desde el papel a la cualidad cinemática de estas películas.
Imágenes Narradas, de Coral Cruz, defiende la figura del guionista como cineasta, recogiendo y ampliando la nueva concepción de la técnica y la enseñanza de guión que Waldo Salt apuntaba en los años ochenta. Consciente de la cantidad de literatura existente sobre la escritura de guiones, Coral Cruz se aleja de los manuales de guión clásicos en Imágenes Narradas y deja de lado la estructura, los tres actos y los puntos de giro para hablar de poesía, de huellas y señales, de melodías y rimas, de símbolos y metáforas. A lo largo de los doce capítulos del libro, Coral analiza fragmentos de diferentes películas para reflexionar sobre recursos inherentes al arte cinematográfico como son la elipsis, el montaje, la manipulación del tiempo, la escenografía, o la composición. El objetivo, expresado por la autora al final del libro, es presentar una serie de herramientas al lector para que pueda aprovechar al máximo las especificidades del lenguaje cinematográfico en la escritura de guiones.
Conocí a Coral Cruz en enero de 2012, cuando empezó a trabajar como script editor del guión de 10.000 KM (2014) que estábamos escribiendo Carlos Marques-Marcet y yo. En ese momento nos encontrábamos perdidos entre versiones del guión que se habían sobre-complicado y Coral fue un elemento clave en el proceso que nos guió hacia la estructura que la película necesitaba. Pero al contrario de lo que hacen muchos profesores y analistas de guión, no impuso una estructura clásica a modo de molde para la historia, sino que ideó una estructura nueva que salía de la temática y las emociones que se encontraban en el corazón de la historia desde el principio. En Imágenes Narradas, Coral escribe: «Los mejores hallazgos poéticos dependen del imaginario singular de cada historia» (2013: 138). Este mismo concepto fue el que aplicó Coral a la estructura de 10.000 KM, en un ejercicio de destilación que partía de una concepción del cine y la escritura como un acto íntimo y poético, ligando forma y contenido de la forma mas orgánica posible.
Imágenes Narradas es fruto de un profundo conocimiento del lenguaje cinematográfico y de los años de experiencia de Coral como profesora, guionista y analista de guión. Aunque, como ya he apuntado anteriormente, el libro fue escrito con la voluntad de dar herramientas a los guionistas para proyectar en papel su película soñada, Imágenes Narradas va más allá de su voluntad manifiesta de ser un libro sobre la escritura de guiones por dos razones: por un lado, su minucioso estudio de los recursos expresivos del cine lo convierten en una obra que alude a cualquier profesional artístico que contribuya en el proceso de creación de una película; por el otro, detrás de su defensa del guionista como cineasta y creador de imágenes, se encuentra una profunda reflexión sobre el medio, un recordatorio de que las infinitas capacidades del arte de la imagen en movimiento van mas allá de la narrativa para adentrarse en el terreno de la poesía. Tomando prestado un argumento que utiliza Coral en el libro, en el corazón de Imágenes Narradas, como en el corazón de las buenas películas, se encuentra un claro mensaje, nunca expresado en palabras pero latente en cada una de sus páginas: Ignorando la intrínseca naturaleza visual del cine en la etapa de concepción e ideación de las historias, se está olvidando nada más y nada menos que la propia esencia del arte cinematográfico. •
REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS
EGRI, Lajos (1946). «The Art of Dramatic Writing». New York. Simon and Schuster. Waldo Salt, a Screenwriters Journey (Eugene Corr, 1990).