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lunes, 25 de mayo de 2015

Presentación:

FÒRUM ALTAÏR

«La leyenda de Smara» 

28 / 05 / 2015 a las 19:00 h 

Llibreria Altaïr 

Gran Vía de les Corts Catalanes, 616, Barcelona


Presentación del libro Ver Smara y morir, a cargo del periodista Pablo de Dalmases. 

Desde una gran lejanía, menos física que no cultural y mental, el aura mítica del universo sahariano ha absorbido como un imán a los buscadores de quimeras de todos los tiempos. Los de hoy pueden ir donde quieran sin más peligro que el de la propia imprudencia; pero no hace mucho, el atrevimiento podía costar la vida. El francés Michel Vieuchange (Nevers, 1904 - Agadir, 1930), fascinado por la figura difusa del jeque Ma el Ainin, que a finales del s. XIX fundó la ciudad de Smara y, poco después lideró una lucha a la desesperada contra la penetración extranjera en el Sahara Occidental, tuvo que pagar este precio. Si el diario de camino Vieuchange, publicado por su hermano Jean después de su muerte, era el relato de un joven escritor atrevido, aventurero e inquieto que reflejaba su pasión por adentrarse en un mundo del que hay pocos testigos, Ver Smara y morir, la traducción que ahora publica la editorial Laertes, se convertirá en un clásico de referencia obligada por los comentarios que añade su traductor, Larosi Haidar, y el sólido trabajo introductorio de Pablo de Dalmases, tan riguroso como lúcido, merecedor por sí mismo de un lugar destacado en las aproximaciones históricas al personaje y su epopeya, con las luces y las sombras que lo rodean.

¡Les esperamos!


Presentació:

FÒRUM ALTAÏR 

«La llegenda de Smara»

28 / 05 / 2015 a les 19:00 h 

Llibreria Altaïr 

Gran Vía de les Corts Catalanes, 616, Barcelona


Presentació del llibre Ver Smara y morir, a cárrec del periodista Pablo de Dalmases.


Des d'una gran llunyania, menys física que no pas cultural i mental, l'aura mítica de l'univers saharià ha absorbit com un imant els buscadors de quimeres de tots els temps. Els d'avui poden anar on vulguin sense més perill que el de la pròpia imprudència; però no fa tant l'atreviment podia costar la vida. El francès Michel Vieuchange (Nevers, 1904 - Agadir, 1930), fascinat per la figura difusa del xeic Ma el Aïnin, que a finals del s. XIX fundà la ciutat de Smara i, poc després, liderà una lluita a la desesperada contra la penetració estrangera al Sahara Occidental, va haver de pagar aquest preu. Si el diari de camí Vieuchange, publicat pel seu germà Jean després de la seva mort, era el relat d'un jove escriptor agosarat, aventurer i inquiet que reflectia la seva passió per endinsar-se en un món del que hi ha pocs testimonis, Ver Smara y morir, la traducció que ara en publica l'editorial Laertes, es convertirà en un clàssic de referència obligada pels comentaris que hi afegeix el seu traductor, Larosi Haidar, i el sòlid treball introductori de Pablo de Dalmases, tan rigorós com lúcid, mereixedor per si mateix d'un lloc destacat en les aproximacions històriques al personatge i la seva epopeia, amb les llums i les ombres que l'envolten.

Us hi esperem!

jueves, 14 de mayo de 2015

Reseña:

Reseña de Pablo-Ignacio de Dalmases 
en Travelport, Revista de Viajes y Turismo (n.º 137, 2015)

Pocas ciudades han padecido una más asenderada peripecia durante el siglo XX que Belgrado, capital primero del reino y luego de la república federal de Yugoslavia y, tras la desmembración del estado multinacional, de la nueva república de Serbia. Apagado por fortuna el fuego de la guerra y recuperada la paz en la zona, el país, empequeñecido en tamaño, pero consolidado como realidad cultural  y política, tiene en su capital uno de los principales signos de identidad. Belgrado es una ciudad interesante, con puntos de alto valor histórico, como la fortaleza de Kalemegdan y una elegancia heredada de tiempos pretéritos, pero muy puesta en sazón. Eladi e Iván Romero la han recorrido y explicado con todo detalle en esta guía urbana que se suma a la veterana colección «Rumbo a...» de Laertes, que se acerca inexorablemente al centenar de volúmenes.

jueves, 30 de abril de 2015

El blog de Roge

Ver Smara y morir. 

La ciudad espejismo del Sahara Occidental



Michel Vieuchange era un escritor conmovido por la misteriosa ciudad saharaui de Smara. Su visita estaba prohibida para los infieles y más aún para los franceses colonizadores. Con fama de santa y rebelde nadie ajeno se atrevía acercarse. Michel se disfrazó de mujer y con tres camellos, dos mujeres y tres hombres emprende una marcha que le llevó al límite de su salud. Vio Smara por una horas y regresó. Sus crónicas se publicaron de forma póstuma en Casablanca en 1931, meses antes murió de disentería. Por primera vez se edita en castellano bajo el título de Ver Smara y morir.
Smara es un bonito nombre para crear un mito. Es un espejismo en el desierto del Sahara, una ciudad santa, un lugar en la ruta de los caravaneros, una ciudad fundada y desparecida en menos de 10 años. Fue construida por el chej Ma el Ainin para crear una escala en el comercio transahariano entre el Sudán y Marruecos. Apareció alrededor de 1898 y tuvo vida efímera.
Ma el Ainin era considerado sabio, santo y también guerrero. Nació en febrero de 1831 mientras su padre residía en Bamako. Fue jurista, gramático, poeta, teólogo astrólogo. Adquirió fama de mago y milagrero y se le consultaba como adivino. Fue dirigente político y erudito creador de 314 obras literarias. En Smara levantó una mezquita y una biblioteca con 5.000 volúmenes.
Falleció en octubre de 1910. Tuvo numerosos hijos con diferentes mujeres. Su familiares abandonaron Smara.. Las tribus no quisieron asentarse y Smara no prosperó. Quedó como una ciudad fantasma, cuando apenas tenía 11 años.
La mera existencia en medio de la nada, las peripecias que caracterizaron la vida de su promotor y su situación en un punto que, en el primer tercio del siglo XX, resultaba inaccesible para los extranjeros infieles, crearon en torno a ella un aura misteriosa y novelesca. Esto incitó al escritor Michel Vieuchange a viajar en solitario. Por primera vez se publican sus crónicas en castellano con el titulo de: Ver Smara y morir.
Michel Vieuchange (Nevers, 1904-Agadir, 1930) viajó en 1930 hacia Smara en condiciones penosas, bajo la amenaza de ser asaltado y raptado.
Estaba situada en el interior del Sahara español, en territorio aún no ocupado por la administración colonial y, por tanto insumiso.
Michel partió de Mogador en Marruecos. En la retaguardia le esperaba su hermano Jean. El camino fue por senderos de trocha. Era tan costoso avanzar que su salud se deterioró, pero consiguió finalmente su objetivo.
Solo pudo permanecer pocas horas en la misteriosa ciudad. De regreso al punto de partida, falleció de disentirá como consecuencia de las penalidades sufridas.
Las crónicas del viaje fueron publicadas por Jean en Francia en 1932 prologadas por el escritor Paul Claudel. La traducción inglesa de 1949 fue, a su vez, prologada por Paul Bowles.
Ahora se publica en castellano. La introducción, ocupa la mitad del libro, es del periodista Pablo-Ignacio de Dalmases (Barcelona, 1945). Vivió en el Sahara español entre 1974-1975 antes de la invasión de Marruecos. Fue director de Radio Sahara y el diario La Realidad del Aiun.
Pablo ha participado en el programa de Radio Euskadi La Casa de la Palabra el lunes 2 de marzo de 2015.

martes, 21 de abril de 2015

Crítica en Librújula

SUEÑOS DE ARENA Y PIEDRA 
Michel Vieuchange murió por ver Smara, 
texto FRANCISCO LUIS DEL PINO OLMEDO

Hay viajeros que ponen su vida al servicio de un sueño y llegan hasta el fin. El francés Michel Vieuchange sintió una atracción irresistible por la legendaria ciudad santa de Smara, en el Sáhara Occidental, y se propuso llegar a ella. “Ver Smara y morir” (Laertes) recoge las notas del duro viaje que emprendió y de su consecución.

Habría que preguntarse si, cuando los sueños se convierten en obsesión, el resultado de perseguirlos no acaba en pesadilla. Muchos exploradores y temerarios viajeros han dejado sus huesos en esa hermosa locura preñada de peligros y dificultades, donde la voluntad se enfrenta cara a cara desafiante al reto, sin importar el precio a pagar. ¿Qué impulsa a los hombres a ir más allá de toda prudencia? Cada uno tendrá su motivo pero, sin ellos, las rutas del mundo serían líneas insulsas en un mapa. Y el ejemplo de ese atrevimiento ha quedado cartografiado con sus emociones como legado.
De ese magnetismo por un objetivo lejano, y por tanto romántico, se enamoró un joven aventurero que, con la ayuda de su hermano Jean como refuerzo en la retaguardia, se batió con el desierto tras las huellas de un sueño para conseguir alcanzarlo en el año 1930. Lo sorprendente es que el caso de Smara es distinto, pues, aunque envuelta en un halo de leyendas y misterio, ya había sido visitada por una columna francesa durante breves horas en una operación militar en 1913, y por lo tanto no era del todo desconocida. Sea como fuere, Michel Vieuchange resolvió empeñar todas sus fuerzas en hollar la capital de los llamados Hombres Azules de Río de Oro, fundada por el jeque Ma el-Ainin a finales del siglo XIX, y dejar constancia de su presencia allí.
En un viaje infernal a través de la hamada (desierto de piedra y arena), acompañado de varios nativos, Vieuchange se dejó jirones de salud. Disfrazado de mujer casi todo el tiempo, viajó escondido en un capazo, a veces envuelto en esteras y doblado sobre diferentes monturas, para ocultarlo a los ojos hostiles de las tribus enemigas de los europeos, sobre todo de los franceses. Desanimado a veces, y otras sintiéndose incapaz de seguir adelante, consiguió llegar a la olvidada ciudad santa del desierto. Allí sentirá una enorme emoción al tener frente a él su meta, que contempla por un largo momento; mira las casas medio destruidas y vacías por el abandono casi absoluto desde hace años. El único verdor que alivia sus ojos cansados de tanta aridez son las palmeras erguidas a lo largo del ued.
Recorre la ciudad redactando mentalmente una crónica de cuanto observa, y después escribe una nota de la aventura llevada a cabo “conjuntamente” con su hermano –puntualiza–, encargándose cada uno de su tarea: Jean como apoyo logístico (en Marruecos), y de socorro en caso de ser necesario, y él mismo “entrando en el oasis el uno de noviembre de 1930”. Introduce la nota en un frasco con tapón de vidrio esmerilado y lo esconde echando tierra y algunas piedras encima. Rápidamente levanta el plano de la ciudad y toma varias fotografías. No da tiempo para más, los gritos de alerta de sus acompañantes, ante el peligro de hombres que se acercan a Smara, interrumpen su reconocimiento. Casi a empujones lo meten de nuevo en los mimbres y de esta guisa salen huyendo. Ni siquiera ha podido echarle un último vistazo a la ciudad, se queja en sus notas. Solo ha estado tres horas en el interior del sueño, pero lo ha hecho realidad, y ha dejado pruebas de su paso.
El regreso es mucho peor que la ida; con la salud muy deteriorada por la disentería, y el miedo a que le entreguen para cobrar la recompensa que ofrece el caíd Madani por todo europeo que se aprese en el territorio. Los camellos mueren de agotamiento, y hay que hacerse con otros; débil y muy enfermo conseguirá llegar al poblado de Tiguilit y enviar una nota a Jean en Mogador solicitando ayuda. Se cita con él en Tiznit, desde donde fue trasladado en avión al hospital de Agadir. Morirá pocos días después.
Si Ver Smara y morir es una excelente crónica de viajes, dramática y emocionante, el libro se enriquece además con una larga introducción del periodista Pablo-Ignacio de Dalmases, especialista en temas saharianos, sobre la figura de Ma el-Ainin, el fundador de Smara; la ocupación española de la zona en 1934 y la posterior historia de la ciudad. Se corrige también un dato importante que la historia oficial (francoespañola) ha dado por cierto durante muchos años: que la columna de castigo del teniente coronel Mouret que entró en Smara en persecución de guerreros nómadas que habían masacrado en un raid a una fuerza francesa no destruyó la ciudad en represalia, tan solo causó algunos destrozos. Igualmente se aprecia la esmerada traducción y las notas del saharaui Larosi Haidar. Un libro estimulante y bello que se publica por primera vez en español.

Los saharauis llevan cuarenta años de espera sostenidos por el sueño de la recuperación de su país. Han luchado y muerto en el combate por su identidad; han sufrido prisión y torturas por Marruecos tras el vergonzoso abandono de España en 1976, pero siguen irreductibles en su sueño. Tanto en los campamentos de la inhóspita hamada argelina de Tinduf, como en todo el territorio ocupado, el sueño de libertad sigue venciendo a la dureza de las circunstancias. 

lunes, 2 de febrero de 2015

NOVEDAD:

Ver Smara y morir, 
de Michel Vieuchange 

Traducción y notas de Larosi Hadar
Edición e introducción de Pablo-Ignacio de Dalmases


En la bisagra entre los siglos XIX y XX y en pleno Sáhara Occidental, un personaje legendario llamado Ma el Ainin, que se caracterizó por su oposición a la penetración europea, construyó la alcazaba de Smara con el fin de establecer un punto de apoyo en las rutas caravaneras. La escasa predisposición de la población nómada a sedentarizarse y la resuelta decisión de Francia y España a establecerse en el desierto hizo inviable la continuidad del proyecto y, a la muerte de su promotor, este quedó abandonado. Smara permaneció en el olvido y solo fue visitada en 1913 por una columna francesa, que causó algunos destrozos, y por Michel Vieuchange. 

Michel Vieuchange (Nevers, 1904-Agadir, 1930), viajó a Smara, ciudad situada en el interior del Sáhara español, en territorio aún no ocupado por la administración colonial y por tanto insumo, en 1930. Con la complicidad de su hermano Jean, que aseguró la retaguardia de su proyecto desde Marruecos, realizó el recorrido en durísimas condiciones y con grave deterioro de su salud, pero consiguió finalmente su objetivo. Solo permaneció unas pocas horas en la misteriosa ciudad, tras lo cual regresó a su punto de partida, donde falleció como consecuencia de las penalidades sufridas.

Sus notas de viaje fueron publicadas por Jean, primero como crónicas periodísicas, en “La vigie marocaine” de Casablanca, y más tarde en forma de libro, cuya primera edición (1932) prologó Paul Claudel. La traducción inglesa (1949) fue prologada a su vez por Paul Bowles. Este clásico de la literatura viajera del siglo XX, ha sido reeditado reiteradamente en Francia y traducido a los principales idiomas.

Foto: Michel Vieuchange delante de Smara.
Mapa: Ruta seguida por Michel Vieuchange.