martes, 27 de septiembre de 2011

Novedad editorial: «Karain: un recuerdo», de Joseph Conrad


KARAIN: un recuerdo
Joseph Conrad




Pocas obras existen que naveguen a través de la complejidad del hombre de una manera tan precisa como esta novela. En Karain: un recuerdo, el Otro no es un ser menospreciable incapaz de sentir remordimiento o dolor, ni los marinos británicos que trafican con armas miran con menosprecio a su interlocutor, puesto que todos se saben indefensos ante los embates de la fatalidad y el recuerdo. De algún modo, los personajes de esta novela saben que la amistad y el respeto mutuo son las únicas anclas para no navegar sin rumbo en el océano de la locura.

La ironía que recorre esta historia de fetiches, amuletos, convicciones arrolladoras y destinos trágicos, ambientada en los exóticos archipiélagos malayos descritos con deslumbrante y exacta belleza; la tensión que vuela en pos de un desenlace que orilla el amor como un sueño imposible, y la maestría de quien deja en suspenso sus recursos últimos para dar cima a un relato espléndido, confirman una vez más la validez actual de la obra de ese marino por vocación y escritor tal vez por fatalidad, que diera una de las más imponentes muestras a la literatura inglesa de principios del siglo XX. Joseph Conrad, quien dijo que esta era una de sus mejores obras, muestra en Karain: un recuerdo al hombre y su peculiar complejidad en perpetuo combate con la curiosa vida, “ese misterioso arreglo de lógica implacable con propósitos fútiles”, con una sensibilidad inédita en la era colonial. Su mirada recorre tanto las bellezas naturales de Malasia como los tenebrosos recovecos del alma humana.

Joseph Conrad (Józef Teodor Konrad Korzeniowski, 1857-1924), polaco de nacimiento y británico de adopción y convicción, es uno de los mejores escritores de la literatura inglesa; su influencia sobre William Faulkner, André Malraux y Graham Greene, entre otros escritores, es notoria; Virginia Woolf fue una gran admiradora suya, al igual que Bertrand Russell, quien explica en sus memorias como su admiración lo llevó a pedirle permiso para bautizar con el nombre de Conrad a su segundo hijo. Marino mercante durante varios años de su vida, la mayoría de ellos bajo bandera británica, publicó su primera novela, La locura de Almayer (Almayer’s Folly, 1895) a los 38 años. Entre su obra destacan las novelas Lord Jim (Lord Jim, 1901), La línea de sombra (The shadow line: a confession, 1917) y Nostromo (Nostromo, 1904); y los relatos El corazón de las tinieblas (Heart of Darkness, 1902) y Tifón (Typhoon, 1903).

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